miércoles, 6 de enero de 2016

Sentido del humor, humor sentido



Comienza el año y descubro con asombro, a pesar de no ser la primera vez que me ocurre ni probablemente la última, que algo que creía saber, en realidad no sólo no lo sabía, sino que andaba completamente perdido. Y ese algo es el sentido del humor, que como prácticamente todo el mundo, yo creía tener claro lo que es, pero que según ahora descubro no solo no es lo que yo creía que era, sino que no es ni parecido. En fin, que se me ha abierto una ventanita por la que ahora entra algo de luz donde antes había mucha oscuridad. Y esta ventanita la ha abierto Fidel Delgado, el autodenominado “Titiripeuta”,  a quien ya considero amigo y maestro. Muy recomendable porque ofrece una nueva, lúcida y refrescante visión de la vida. Un regalo de Reyes, que no me esperaba y que me ha hecho muchísima ilusión.

viernes, 27 de noviembre de 2015

Caminar en la Belleza




“Levantose, pues, comió y bebió, y anduvo con la fuerza de aquella comida durante cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios, Horeb. Allí metióse en una cueva, donde pasó la noche, y le dirigió Yavé su palabra, diciendo: “¿Qué haces aquí, Elías?” (…) Díjole Yavé: “Sal afuera y ponte en el monte ante Yavé. Y he aquí que va a pasar Yavé”. Y delante de él pasó un viento fuerte y poderoso que rompía los montes y quebraba las peñas, pero no estaba Yavé en el viento. Y vino tras el viento un terremoto, pero no estaba Yavé en el terremoto. Vino tras el terremoto un fuego, pero no estaba Yavé en el fuego. Tras el fuego vino un ligero y blando susurro. Cuando lo oyó Elías, cubrióse el rostro con su manto, y saliendo se puso en pie a la entrada de la caverna, y oyó una voz que le dirigía estas palabras: “¿Qué haces aquí, Elías?”   (1 Reyes 19, 8-13)


Si me detengo a pensarlo veo que, como ser humano, me muevo en tres dimensiones: dos que podríamos llamar materiales, el espacio y el tiempo, y una tercera que escapa a lo material y que es la espiritual. Mi cuerpo, como estructura material que es, existe condicionado por las dos primeras, el espacio y el tiempo; pero mi alma pertenece a la dimensión espiritual y no se ve sometida a las otras dos dimensiones más que en cuanto está unida al cuerpo que habita. A través de mi cuerpo puedo relacionarme con el mundo material que me rodea y del que mi propio cuerpo forma parte; a través del pensamiento me relaciono con el mundo espiritual; mundo que también se manifiesta en el espacio y en el tiempo, aunque no esté sometido a ellos porque su naturaleza es otra. Este mundo espiritual está más próximo que el material al Principio en el que todo halla su origen, pues aun procediendo ambos de un mismo origen, lo material se encuentra más alejado de aquella Causa Primera. De esta forma se unen en mí dos naturalezas distintas, la material y la espiritual, pero la primera es más tosca y pesada, y la segunda más elevada y pura. La misma posición corporal del ser humano denota esta dualidad, con la cabeza en la posición más elevada y los pies en la más baja, sobre la tierra. Como ser material estoy sometido a las leyes de la materia; como ser espiritual soy libre, sin ataduras, aunque el espíritu también tiene sus propias leyes. Hallar el equilibrio entre estas dos naturalezas es parte de mi tarea en tanto me encuentre en este estado; y saber que mi naturaleza espiritual es superior a la material es el conocimiento que más necesito a la hora de orientarme en la oscuridad que reina en el mundo material. 

Dios es espíritu; por eso se presenta a Elías en el texto bíblico citado como un suave soplo, porque el espíritu es sutil, mientras que la materia es ruda. La capacidad de pensar y conocer del ser humano es la   manifestación del Espíritu de Dios en él, pero la naturaleza material en la que se mueve y de la que ha nacido su cuerpo es también manifestación de Dios, y estando unido a ella, observándola, amándola y respetándola su pensamiento se armoniza con la fuente de la que proceden sus dos naturalezas, con lo cual ambas naturalezas, la material y la espiritual, también se armonizan en él. Esto es lo que los Lakota llamaban “Caminar en la Belleza”:


Existe una manera de vivir a la que los Lakota llamaban “Caminar en la Belleza”. Se dice que uno camina en la Belleza cuando tiene su Tierra (cuerpo físico) y su Cielo (alma) en Armonía. O dicho en otras palabras, vive para el Espíritu, pero con los pies en el suelo.”







domingo, 18 de octubre de 2015

La taza de barro



¿Quién ha podido contemplar alguna vez un pájaro de manera completa? O incluso, lo que parece más sencillo, ¿quién ha podido contemplar en su totalidad una simple hoja? No sería veraz quien lo afirmase. Y si esto es así con los objetos sensibles, ¡cuánto más lo será con lo Real! ¿Quién podría definir su esencia? ¿Quién sería capaz de contenerlo en ideas o palabras? Es del todo imposible. 


Entonces, del mismo modo que hemos de contentarnos con visiones parciales de las cosas,   tendremos que aceptar como inevitable tener siempre una comprensión limitada de lo Real. Y por limitada, forzosamente incompleta. Si aceptamos que esta limitación es común a todo ser humano, ¿quién podrá afirmar que su concepción de Dios es la única verdadera? Se podrá objetar que cuando esa concepción procede de una revelación auténtica no puede ser cuestionada. Ahora bien, no se trata de cuestionarla, sino de aceptar que toda revelación es limitada e incompleta igualmente; y lo es no por Aquel de Quien procede, sino por aquel a quien va dirigida, al cual no le es dado contemplar sino aquella parte de lo Real que le es asumible desde su perspectiva; es decir, desde el  lugar que ocupa en el mundo. Afirmar que sólo la propia revelación es verdadera es negar la perspectiva del otro y es también, por tanto, negarle su derecho a existir y ocupar un lugar en el mundo, lo cual, ciertamente, va en contra de lo que ha sido dispuesto por Aquel en cuyas manos está la existencia.


Esto es así porque toda revelación tiene un destinatario y es a él a quien resulta comprensible; aunque la revelación, por su origen, sobrepase en mucho la capacidad del que la recibe, quien no podrá tomar sino una parte de lo que se le entrega. Es como si el océano se vertiese en una taza de barro.

martes, 11 de agosto de 2015

La hora más oscura



Dicen que la hora más oscura es la que precede al alba. Pudiera ser que ahora nos encontrásemos en un momento semejante a ese. Y es que esta hora que vivimos es realmente oscura. Los hombres han olvidado lo que importa y en su mayoría carecen de un centro que les permita situar en el lugar correcto todo lo que pertenece a la periferia. Han olvidado que el pecado existe porque ellos lo inventaron  y por tanto parecen ignorar que consiste en tomar la parte por el todo; de tal forma que piensan que el hombre es el todo y esto les ha conducido a atribuirse un lugar que no les corresponde. Es por eso que tratan a la Madre Tierra como si fuese un objeto de su propiedad; la utilizan como mercancía que puede comprarse y venderse; y lo mismo hacen con todos los seres que la habitan, incluso con sus propios hermanos.


Pero en medio de la oscuridad, allá lejos, en el horizonte, ya se adivina el alba, y en algún lugar el mirlo entona su canto anunciando el amanecer de un nuevo día. El día y la noche forman parte de la realidad que vivimos. Ambos son necesarios y uno no puede ser sin el otro, por eso es bueno dar gracias por ambos y no olvidar nunca que tras la noche viene el día.