Y llegan a Jericó. Y al salir él con sus discípulos y bastante
gente, un mendigo ciego, Bartimeo (el hijo de Timeo), estaba sentado
al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que era Jesús
Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión
de mí». Muchos lo increpaban para que se callara. Pero él gritaba
más: «Hijo de David, ten compasión de mí». Jesús se detuvo y
dijo: «Llamadlo». Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo,
levántate, que te llama». Soltó el manto, dio un salto y se acercó
a Jesús. Jesús le dijo: «¿Qué quieres que te haga?». El ciego
le contestó: «Rabbuní, que recobre la vista». Jesús le dijo:
«Anda, tu fe te ha salvado». Y al momento recobró la vista y lo
seguía por el camino.
(Mc 10, 46-56)
Se ha dicho que el
cristianismo no es una religión, ni una filosofía, ni un modo de
vida, sino que es un encuentro con una persona, Jesús. En este
episodio del evangelio de Marcos asistimos a uno de esos encuentros.
No sabemos qué fue de Bartimeo después de este encuentro, aunque
las últimas palabras que se refieren a él son muy reveladoras:
“Y
al momento recobró la vista y lo seguía por el camino”
Lo cierto
y objetivo es que antes de encontrarse con Jesús, Bartimeo mendigaba
sentado al borde del camino impedido por su ceguera. Tras recobrar la
vista, la vida de Bartimeo tuvo que experimentar un gran cambio, pero
hay un detalle sobre el que me gustaría reflexionar, y es que Jesús
le devolvió la vista, pero le dejó libre para mirar a donde
quisiera. Jesús, que es el Amor del Padre hecho hombre, no le exigió
nada a cambio de su don. Así es el amor, espera correspondencia,
pero no la exige, porque si exigiera no respetaría la libertad del
amado, y el amor deja de ser amor si no es un acto libre de la
voluntad. Es frecuente confundir el amor con un sentimiento, pero
aunque en el amor hay sentimiento, el amor no se identifica con el
sentimiento. Los sentimientos no dependen de la voluntad; estos son
inestables, pasajeros y a menudo caprichosos, mientras que el amor es
firme, perdurable y fundado en un acto de voluntad. ¿Cómo si no
sería posible cumplir el mandato de Jesús que dice:
“Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para
que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol
sobre malos y buenos y manda la lluvia a justos e injustos.”
(Mt 5, 44-45)