sábado, 17 de marzo de 2018

Grandes palabras

El Ser dichoso
es mi naturaleza
Eternamente

Todos empleamos grandes palabras como amor, justicia, paz, felicidad y libertad. Son palabras que han sido tantas veces utilizadas con el único propósito de manipular la voluntad de otros que discernir su verdadero sentido y significado es cuestión de gran calado e importancia. El significado verdadero de todas ellas está entrelazado e íntimamente relacionado, pues en el fondo todas apuntan a una misma cosa. Por tanto, entender el significado de cualquiera de ellas supone situarse en posición de entender el significado de las otras. También es cierto que reflexionar sobre su significado es reflexionar sobre lo que somos.


Tratemos de entender, por ejemplo, el significado de la palabra libertad. ¿En qué consiste la libertad? Las respuestas fáciles como “hacer lo que se quiera” no son satisfactorias. ¿Puedo ser libre haciendo lo que quiera si no estoy seguro de qué es lo que quiero? ¿Puedo ser libre haciendo lo que quiera si mi querer es hoy uno y mañana es otro distinto? Cualquier respuesta en este sentido se verá descalificada por la experiencia. ¡Cuántas personas a lo largo de su vida no se habrán sentido esclavizadas por lo que ayer quisieron y hoy ya no quieren; por lo que ayer desecharon y hoy desean ardientemente! La libertad no puede ser esto, pues la libertad libera, no esclaviza. De este razonamiento avalado por la experiencia se deduce el origen de la libertad: La libertad no puede estar fundada en lo mudable, en lo impermanente, la libertad ha de provenir de aquello que no puede cambiar. Pero, ¿hay algo en el ser humano que no sea mudable? Y dependiendo de la respuesta a la anterior pregunta: ¿Puede ser libre el ser humano? Y aún sobre estas dos cuestiones y sosteniéndolas, esta otra: ¿Qué cosa es el ser humano? Para responder tan crucial pregunta nos vemos obligados a recurrir no sólo a la propia experiencia, que se mostrará siempre insuficiente, sino también a las tradiciones sapienciales. Para éstas en el ser humano se dan dos naturalezas, una terrena y mudable y otra trascendente e inmutable. La primera de estas naturalezas es la manifestación individual y sensible de la segunda. Aquella es cambiante y multiforme, ésta es inmutable, única y sin forma. Si nos atenemos a lo antes dicho sobre el origen de la libertad, tendremos que convenir que la libertad no puede tener sus raíces más que en la naturaleza trascendente e inmutable de las dos que componen al ser humano. Su naturaleza terrena, en tanto que manifestación perceptible por los sentidos, carece de realidad por cuanto no es más que apariencia pronta a desaparecer. Su naturaleza inmutable, por el contrario, es real por ser la fuente de la naturaleza terrena y porque no puede desaparecer ni sufrir menoscabo o cambio alguno. La ciencia actual, en cuanto búsqueda honesta del conocimiento, está llegando a conclusiones equiparables a éstas pues ahora sabe que la materia no está compuesta por materia, sino que su componente esencial es inmaterial. Este componente esencial no ha podido ser definido por la ciencia satisfactoriamente hasta el momento, pero la afirmación de la física moderna de que la energía (y por tanto la materia) no se crea ni se destruye, sino que sólo se transforma, apunta a que aquello en lo que el Universo tiene su fundamento es permanente e inmutable.


Ahora nos es posible responder la primera de las preguntas antes formuladas diciendo que en el ser humano hay algo que no es mudable, sino permanente e inmutable. Éste es su verdadero ser y, por tanto, el único que puede ser libre. Su ser derivado, secundario y relativo no puede ser libre, pues al no ser real sino sólo manifestación de lo real está sometido a todo tipo de vicisitudes y por último a la desaparición. Así, la segunda de las cuestiones se responde diciendo que el ser humano sólo puede ser libre cuando en él se realiza su verdadera naturaleza. Esto es la iluminación o el samadhi en las tradiciones orientales, que supone la identificación o unión con lo divino; es el estado de no-separación o perfecta unión. Si este es el estado de libertad perfecta, podríamos hablar de grados de libertad según el nivel de predominio de cada una de estas naturalezas. Cuando predomina la naturaleza terrena, la identificación con el cuerpo y con lo material conduce a buscar la satisfacción de los apetitos y deseos corporales. Este estado se encuentra muy alejado de la libertad pues en él domina la compulsión a buscar lo que se desea y huir de lo que se teme. Por el contrario, cuando predomina la naturaleza superior los apetitos corporales, aun estando presentes, ocupan una posición secundaria y subordinada. Es el estado más próximo a la libertad. Realizar la libertad desde el estado de manifestación individual en que nos encontramos es, por tanto, una tarea que requiere esfuerzo, empeño y dedicación, pero sobre todo honestidad, pues al final se llegará a descubrir que el obstáculo no era más que una ilusión que se mantenía por nuestra creencia y apego por ella.

viernes, 16 de marzo de 2018

Pensamientos que sanan y ayudan

¿Qué es mejor? :


¿La serenidad o la ira?
¿La alegría o la tristeza?
¿La desesperanza o el contento?
¿La certeza o la incertidumbre?
¿La paz o la inquietud?
¿La pereza o la diligencia?
¿El amor o el odio?
¿El miedo o la confianza?
¿La amistad o la indiferencia?
¿La generosidad o la codicia?
¿El sufrimiento o la dicha?
¿La libertad o la esclavitud?
¿El perdón o la condena?
¿El rechazo o la aceptación?


Si nos detenemos a pensarlo nos daremos cuenta de que siempre podemos elegir. ¿Qué motivo hay entonces para no elegir lo mejor?

domingo, 7 de mayo de 2017

La bruma

Cuando contemplamos un paisaje sumido en la bruma es difícil hacerse una idea exacta de lo que vemos; los contornos se difuminan y no es fácil saber dónde acaba una cosa y empieza otra. Nuestra idea del mundo es muy parecida a esa imagen del paisaje dominado por la bruma, ya que una mente dividida no puede ver con claridad. Lo que vemos del mundo no es el mundo realmente, sino nuestra idea del mundo, la cual tiene más que ver con nosotros mismos que con algo exterior a nosotros. En realidad no hay nada fuera de nosotros y por tanto no podemos ver más que las imágenes que nuestra propia mente crea. El mundo no tiene existencia autónoma, depende de nosotros para existir. Y por otra parte, no hay muchas mentes, sino una sola y es en esta única mente donde el mundo aparece como una imagen más parecida a un sueño que a algo real. Lo real es único, permanente e indivisible; lo irreal es múltiple, impermanente y dividido. No somos capaces de recordar cómo la idea de la división apareció en nuestras mentes, pero lo cierto es que nos encontramos en el mundo a causa de esa idea. La creencia de que yo soy único e independiente, diferente a cualquier otro y separado del resto del universo ha dado lugar al mundo y a mí en él. En esta idea de división tienen su raíz todos los males, la enfermedad, la muerte, la carestía, el odio…, así como el temor que les tenemos. Mientras sigamos asentados en esa creencia sin siquiera cuestionarla sentiremos separación y dolor. Pero cuando vengamos a descubrir la verdad, que no hay separación, que todos somos uno y lo mismo, caerán los muros que han creado la ilusión. Entonces la niebla se disipará y podremos ver una realidad luminosa  y fuera del tiempo donde no hay lugar para ningún temor pues nada hay que pueda amenazarla.

domingo, 30 de abril de 2017

Hacer pan

Ahora que estoy aprendiendo a hacer pan me doy cuenta de su significado espiritual. Cuatro ingredientes son necesarios para hacer pan: harina, agua, levadura y sal. Cada uno de ellos tiene su significado a nivel espiritual. La harina representa a los seres humanos, el agua la pureza y limpieza de corazón; la levadura la palabra de Dios y la sal Su gracia. Cuando los seres humanos (la harina) reciben la palabra de Dios (la levadura) y Su gracia (la sal) con el corazón limpio (el agua), dejan de ser simple harina para convertirse en masa que se deja trabajar por las manos de aquel que conoce su oficio. De esta forma agua, harina, levadura y sal dejan de estar separadas y se convierten en una sola cosa. Pero aún no está hecho el pan, todavía le falta un ingrediente, el calor. Este calor es el Amor de Dios y es el que hace que la masa se eleve y se convierta en pan  tierno y oloroso.

viernes, 7 de abril de 2017

No hay separación

Ser es sencillo
no tengo que hacer nada
basta confiar


No estamos separados unos de otros; la separación y el aislamiento son una creación de nuestras mentes y tienen su fundamento en ideas equivocadas. No es cierto que estemos separados, todos formamos parte de una misma cosa y compartimos un mismo ser y una conciencia únicas. Ese ser y esa conciencia única es la fuente del amor y de todo lo bueno, por eso el amor y la bondad nos hacen felices, mientras que sus opuestos nos roban la felicidad. Lo extraordinario es que no tenemos que hacer nada para alcanzar esto, nos basta con ser lo que somos, pero hemos ocultado nuestro verdadero ser detrás de la falsa idea de que somos independientes y capaces de algo por nosotros mismos, de tal forma que en lugar de no hacer nada, lo que hacemos es impedir con falsas ideas que nuestro verdadero ser se manifieste. Cuando nos dejamos ser confiando en el ser que somos y desechando la falsa idea de la separación y la independencia dejamos de ver al mundo a un lado y a nosotros a otro, entonces empezamos a sentirnos parte de un todo que nos hace plenos y los sentimientos de soledad, de vulnerabilidad, de pobreza y necesidad desaparecen para dar paso a un sentimiento de unión que nos completa y nos llena de amor hacia todo. No hay ninguna persona que no merezca ser amada, todos somos lo mismo, seres plenos capaces de dar y recibir amor. El amor no posee, da. Puedo amar a todos los que se cruzan conmigo sin necesidad de pararlos y tratar de convencerlos de que se dejen amar por mí. El amor no espera recibir nada, solo se da; y es así porque su ser es darse. El amor que busca posesión no es amor, tan solo es afirmación de mí como alguien que ha olvidado su verdadero ser y se ha refugiado tras los muros que su incomprensión han levantado. Cuando puedo amar sin esperar nada es signo de que he rechazado las falsas ideas y me he abierto a la verdad del ser que soy. Si puedo conseguir esto no es porque yo sea especial sino todo lo contrario es porque he recuperado mi verdadero ser, el que comparto con todas mis hermanas y hermanos en la vida. No es difícil alcanzar esto, lo difícil es ocultarlo, y eso es lo que hemos venido haciendo hasta ahora con grandes esfuerzos y sufrimientos, los que conlleva creer y vivir conforme a ideas falsas.

El verdadero amor acoge todo lo que llega y deja marchar lo que se va cuando llega la hora sin tratar de retenerlo. No desea la separación, pero tampoco se resiste a ella cuando llega el momento. Son solo los cuerpos los que se separan; en lo que es real no hay lugar para la separación.

martes, 10 de enero de 2017

Crear el mundo

No hay nada ahí fuera
Miro y las cosas son
Yo les doy el ser


Intento expresar en este haiku que las cosas y los acontecimientos que hay en nuestras vidas no son de por sí buenos o malos, somos nosotros quienes les conferimos ese carácter por medio de nuestros pensamientos. En este sentido, tal como dijo Buda, somos nosotros quienes creamos el mundo. Por ese motivo, un mismo hecho o acontecimiento puede tener significados completamente distintos y hasta opuestos para dos personas; así como para una sola a lo largo del tiempo. También por ese motivo dijo Jesús: "Allí donde está tu corazón está tu tesoro". Es así como aquello a lo que damos más valor llega a ser lo más importante en nuestra vida, aquello sin lo cual se nos hará difícil o casi imposible vivir. Por eso debemos ser conscientes de que al dar valor a las cosas ponemos nuestra vida en ellas. Esto conlleva el peligro de que al perder lo que más valoramos perdamos también lo que nos anima a vivir. Para evitar que esto ocurra solo hay un medio: valorar por encima de todo aquello que no puede desaparecer, aquello que no podemos perder. Ello no implica que dejemos de valorar lo demás, pero sí que es bueno poner un orden, establecer una prioridad para cada cosa. Y hay una, sólo una, en la que todo tiene su fundamento y razón de ser, siendo además permanente e inmutable. Si queremos ser felices esa única cosa ha de ocupar el primer lugar en nuestro corazón y el resto debe quedar en segundo lugar. Esta es la única forma de ser feliz sin estar expuesto a que esa felicidad desaparezca. Este conocimiento es tan antiguo como el hombre, pero por algún motivo lo hemos olvidado y ahora tenemos necesidad de recordarlo. 

Por otra parte, creo de verdad que cada uno de nosotros es un pensamiento en la mente de Dios. Si por un solo instante Él dejase de pensar en nosotros nuestra existencia acabaría en ese mismo momento. Pero puesto que Él es inmutable también lo son sus pensamientos; así, ese lugar que ocupa cada uno de nosotros en su mente es únicamente nuestro y lo será eternamente. Entonces, que dejemos de ver a alguien no quiere decir que haya desaparecido, sigue estando en la mente de Dios. Yo no soy mi cuerpo, tampoco soy mis pensamientos, soy más que todo eso y nunca dejaré de serlo. Ese ser verdadero está conmigo, siempre ha estado y siempre estará, pero yo lo he ocultado con mis pensamientos. Por eso es bueno practicar la meditación; estar sin pensamientos y contemplar el centro en el cual reside nuestro ser es volver al origen, regresar al Padre en cuya mente todos existimos.

¿Qué es la Verdad?

Desde un lejano patio de Oriente aún resuena esa pregunta: “¿Qué es la verdad?”. Y aquel a quien había sido dirigida guardó silencio.

“La Verdad no puede ser explicada, tan sólo puede ser indicada”, ha dicho Ramana Maharshi. Tal vez de ahí el silencio de Jesús ante uno que no era un buscador de la Verdad. Pero para aquellos que sí son sus buscadores hay muchas indicaciones que dar. La Verdad no requiere explicaciones porque se explica por Sí misma; las explicaciones sólo son necesarias cuando la Verdad ha sido olvidada, como es el caso en este tiempo, pero de su recuerdo depende nuestra Paz, porque es imposible tenerla sin ella. La Verdad no es complicada, es de una sencillez y simplicidad difíciles de imaginar; lo complicado es aquello que hemos querido poner en su lugar. La Verdad es Una porque no hay dualidad en ella; es Total porque abarca la totalidad. La Verdad no pertenece a nadie ni nadie puede apropiársela, pues sólo se pertenece a Sí Misma. El que creamos o no en Ella en nada la menoscaba ni acrecienta, pues es anterior al tiempo y no puede cambiar. Siempre ha estado ahí, permanente e inmutable; tan sólo se ha ocultado porque hemos querido poner otra cosa en su lugar. Esa fue nuestra voluntad y la Verdad la respetó porque nunca se impone con violencia, sólo se manifiesta cuando es aceptada libre y conscientemente. De ella provienen la Paz y la Sabiduría, el Bien y la Justicia, la Belleza y la Perfección; la Vida y su plenitud, que es la Felicidad.